30 de octubre de 2012

La Pepa de todos


Se supone que esto no corresponde. O no corresponde por lo menos acá. Pero lo haré. Contaré una historia personal.

Cuando nací hace cuarenta y dos años, mi familia vivía en un edificio que aún existe. El que está en la esquina suroriente del cruce de Manuel Montt con Eliodoro Yáñez. En plena Providencia. Pocos meses después, mi padre –alessandrista- decidió llevarnos a vivir a España. Regresé casi dos décadas más tarde y desde entonces he vivido en Providencia. Salvo un año, en el que desde el piso 19 de la torre que está en Vicuña Mackenna con la Alameda, comuna de Santiago, mi balcón miraba a la cordillera y a Providencia.

En Providencia conocí a mi esposa y aquí nacieron mis dos hijos. En Providencia está el departamento que le pertenecerá al banco hasta que me encuentre a punto de jubilar y que yo llamo hogar.

Desde 1992, voto en Providencia. La primera elección en la cual participé fue la municipal de ese año. “Providencia es una comuna conservadora”, me dijeron aquella vez algunos buenos amigos. Me querían prevenir, para que no me hiciera muchas expectativas. Y así fue. Desde entonces, he repetido ese adagio. Ya saben: para que la decepción no fuera grande cada vez que me acercaba a votar en el Campus Oriente.

Hasta ayer.

Cuando junto a unos buenos miles de vecinos saltábamos, nos abrazábamos y cantábamos frente a la Municipalidad de Providencia, celebrando una jornada para la memoria, era inevitable no pensar que algo cambió en mi comuna. Dejo a otros y otras el análisis del verdadero significado político de lo ocurrido. Otras voces sabrán con más profundidad desentrañar lo que implica. Yo solo quiero compartir que por primera vez voté por convicción por una candidata a alcaldesa de mi comuna. Y creo que eso fue lo que ocurrió con muchos y muchas de quienes ayer entregamos nuestro voto, nuestra confianza, a Josefa Errázuriz, la Pepa.

Fue una campaña distinta. Vi en las calles de Providencia a vecinos y vecinas que no había visto nunca en esas lides. Haciendo política. De la buena. De la genuina. De la política que se escribe con letras grandes. De la que se construye desde el compromiso con las convicciones propias y colectivas. De la política desinteresada, sin cálculo personal, sabiendo que al estar en la calle repartiendo volantes, poner carteles en los balcones, compartir hasta el borde del spam en las redes sociales o salir a recorrer en cicletadas verdes la comuna, algo grande estábamos fraguando. Aunque perdiéramos en el intento.

No me quiero mentir. Sé que muchos votos de la Pepa se fundan en el rechazo a Labbé. Por lo que representa, lo más oscuro de la dictadura. Pero también sé que muchas papeletas estaban cruzadas por el sueño de una comuna distinta, más inclusiva. Una de esas era mi papeleta.

En estos dieciséis años, en Providencia han pasado buenas cosas. Lo digo desde la experiencia de quien usa los servicios municipales. Con cierta frecuencia me siento en sus café literarios, parte del mejor sistema comunal de bibliotecas públicas del país. El tratamiento de ortodoncia mi hijo mayor lo está recibiendo en el consultorio dental de la comuna. Mi madre controla periódicamente su salud en uno de los consultorios municipales, gracias a un buen plan de atención para el adulto mayor. Mis hijos aprendieron a nadar en una piscina municipal bien equipada, que está en el mismo recinto donde mi esposa asiste a spinning y baile entretenido.

Pero también sé que vivo en una de las comunas con menores índices de transparencia en su gestión municipal. Una comuna, que, pese a su riqueza, su saliente alcalde permanentemente ha usado como argumento contra la movilización la cancelación de la matrícula escolar como amenaza contra estudiantes venidos a nuestros liceos desde otras zonas más pobres de Santiago. El mismo alcalde que facilitó espacios de todos para que se rindieran homenajes a violadores de derechos humanos condenados por la justicia.

Por eso, el triunfo de la Pepa es un triunfo que emociona. Porque su personalidad, trayectoria y compromiso con una manera distinta de hacer política la avalan y convoca. Muchos partimos apoyándola pensando que era un gesto que debíamos hacer pero que en el mejor de los escenarios solo implicaba rasguñar la alta adhesión de Labbé. Fue ella (y la inestimable colaboración de la arrogancia de su contendor) quien hizo que más de mil voluntarios nos volcáramos a hacer de esta la elección la que cambiara la historia en la conservadora Providencia.

La épica de estos meses enfrentará en los primeros momentos de gestión el inevitable ajuste de cuentas con la realidad. Sospecho que la Pepa presume ese ajuste. Por eso, anoche la “dueña de casa” que desde diciembre ocupará el palacio Falabella, ya nos dió una tarea. Que la fiscalicemos, que exijamos nuestro derecho a participar, que hagamos del acto de la consulta permanente y vinculante la manera en que el pacto social a escala comunal se define. En resumen, que ejerzamos nuestra ciudadanía a plenitud.

A primera hora de la tarde de ayer, mientras estaba como apoderado de la Pepa en la mesa 127V/208V, recibí un llamado. Otro apoderado me transmitía una consigna: había que convocar a las urnas a los jóvenes, por teléfono o por la redes. Hasta ese momento, adultos y adultos mayores eran la inmensa mayoría de quienes habían votado. El mal presagio corría: en las urnas los votos daban a Labbé un quinto período. Hoy, ya con la Pepa electa, el funesto augurio se transformó en una cadena de correos que llena de emoción transmite entre parte de esos mismos apoderados y apoderadas un enorme y orgulloso “sí, pudimos”.

Sí, pudimos hacer realidad que Providencia somos todos. Y lo logramos con la Pepa de todos.

* Esta entrada la publiqué ayer lunes 29 de octubre en elquintopoder.cl. La foto la saqué del Facebook de Josefa Errázuriz.

15 de octubre de 2012

Internet y las elecciones municipales

Anoche, Christian Pino, nos invitó a Pablo Matamoros y a mí al Canal 24 Horas de TVN a conversar sobre el uso de Internet y las redes sociales en las actuales elecciones municipales. Como recalqué en varios pasajes de la entrevista, creo que ésta ha sido, en general, una oportunidad perdida por las candidaturas y los partidos políticos para mostrar usos innovadores de las redes.

En comparación con las anteriores elecciones municipales (2008), sin duda el salto es grande, pero las estrategias digitales de las campañas se han centrado en usar Internet como espacio de información, en algunos casos movilización, pero casi nunca para la participación. Entre los sitios que he visto, la excepción es el de la candidatura de Carolina Tohá en Santiago, en cuyo sitio web los ciudadanos pueden aportar al programa a través de un Muro de las Ideas. Posiblemente hayan otros espacios, pero son los menos.

Son bastantes los casos de candidaturas que han realizado procesos participativos presenciales, desde varios meses antes de las elecciones, para construir sus programas con la colaboración de organizaciones y dirigentes vecinales. Por otro lado, hemos visto emerger el movimiento por el voto programático, una iniciativa que espero se consolide y que en un tiempo más sea la tónica en cualquier elección. Todo esto sin duda está en consonancia con una ciudadanía que viene hace ya varios años exigiendo más espacios para participar y que espera que su voz sea escuchada.

Sin embargo, en Internet el panorama es otro. No ha sido, como yo esperaba, la hora de "las candidaturas abiertas". Su manera clásica de acercarse y aprovechar (?) lo digital, me lleva a pensar que debe correr mucha agua aún bajo el puente para que quienes aspiran a representarnos, asuman cabalmente las oportunidades de Internet para la participación ciudadana y la construcción colaborativa de programas para los gobiernos locales.

Raro en un doble sentido. Primero, porque es precisamente en lo local donde, creo yo, mayor capacidad de aportar tiene la ciudadanía, por la dimensión cotidiana de los temas que deben administrar los municipios. Y, segundo, dado el nuevo padrón electoral, que incorpora varios millones de nuevos votantes, mayoritariamente jóvenes que usan Internet, quizá hubiera sido la red una forma de convocarlos a las urnas (algo esquivo y para lo que junto a Corporación Participa, Red Liberal y Balmaceda Arte Joven lanzamos la campaña #DecideVota hace unos días).

En ese contexto, la aplicación Municipales2012 que levantamos en forma piloto en elquintopoder.cl y que permite generar propuestas ciudadanas en seis comunas (Maipú, Recoleta, Cartagena, Estación Central, Providencia y La Reina), ha sido una rareza en el contexto general de esta elección. Una rareza pero en el sentido correcto, camino en el cual hemos contado con el apoyo en algunas comunas de Ciudad Viva.

Son varias las lecciones aprendidas, las que compartiré después del 28 de octubre. Por el momento, les dejo el video de la conversación de anoche.

4 de septiembre de 2012

Las propias uñas

El blog de Eduardo Díaz, La Naturaleza del Software, cumplió siete años. Para celebrar el acontecimiento, nos invitó a varios a escribir una entrada. Esta es fue la mía, que Eduardo publicó ayer. 

La noche del jueves 30 de agosto, la biblioteca pública de Quemchi (Chiloé) fue robada. Según la información aparecida en la prensa, fue el equipamiento computacional del programa BiblioRedes el botín de los ladrones. Un robo más como tantos otros podrá pensar quien no conoce el sentido que esos equipos juegan en una biblioteca pública. Un robo más concluirá quien no conoce, en realidad, la razón de ser de una biblioteca pública.

El nuevo informe de desarrollo humano en Chile elaborado por el PNUD concluye que los chilenos estamos satisfechos con nuestra vida personal pero manifestamos elevados niveles de insatisfacción con la sociedad en la que vivimos. Pareciera ser contradictorio. ¿Es posible afirmar que estamos contentos con nuestro bienestar personal cuando somos críticos de la sociedad en la que vivimos? Reformulemos la pregunta: ¿podemos a nivel individual presentar elevados niveles de felicidad cuando nuestro entorno no nos agrada?

Wenceslao Unanue ya está descomponiendo los datos del PNUD, poniendo el acento en la relación inversamente proporcional entre felicidad y nivel socioeconómico. Nada nuevo, dirán ustedes. Pero la pregunta sobre la cual Unanue reflexiona es sobre nuestra percepción de soledad. Mientras en el grupo ABC1 el 14% de las personas afirmó “frecuentemente me siento solo”, en el grupo E, los más pobres, la cifra llegó al 42%. No hay redes sociales, el entorno no actúa como contención ni la persona percibe que desde ahí puede proyectarse y construir un proyecto de vida. Y sin embargo, en una escala de 1 a 10, ese mismo grupo le pone un promedio de 6,7 a su “satisfacción vital”. En otras palabras, puedo ser feliz a pesar de percibir y criticar la descomposición de mi tejido social. 

Una primera lectura del informe del PNUD parece apuntar al triunfo de la lógica de “rascarse con sus propias uñas”, a contrapelo del malestar que desde fines de 2010 se viene reflejando en las innumerables manifestaciones que se han tomado nuestra vida pública. Bajo esa mirada, el robo a la biblioteca de Quemchi adquiere sentido.

Según estudios realizados por BiblioRedes hace unos años, aproximadamente 2/3 de las personas atendidas por el programa (y por extensión por las bibliotecas públicas) viven en torno a la línea de la pobreza o por debajo de ella. Son personas, ciudadanos de nuestro país, para los cuales la biblioteca representa en muchos casos la única opción para acceder a información, cultura y recreación. Robar a una biblioteca pública es robar a la comunidad, pero sobre todo robar a quienes menos tienen en esa comunidad. Y sin embargo, los robos en las bibliotecas, si bien no masivos, son una constante desde que BiblioRedes las dotara de computadores de alto estándar a fines de 2002.

Desconozco quienes están detrás del robo de Quemchi ni las motivaciones que tuvieron, pero claramente en su caso el satisfacer sus necesidades rascándose con “las propias uñas” significó atentar contra el bien común, contra el patrimonio colectivo de las tierras donde nació Francisco Coloane. Es, si me permiten la hipérbole, una sublime representación de un modelo de sociedad, de país, que de manera deliberada desde mediados de la década de 1970 se ha implantado en nuestro país, uno donde el emprendimiento personal es la base de la riqueza, donde la libertad del individuo está por sobre el bienestar del colectivo. Un deconstrucción de lo común cuidadosamente diseñada y puesta en práctica bajo la única auténtica revolución ocurrida en nuestro país, la capitalista, analizada en detalle por mi buen amigo el historiador Manuel Gárate Chateau.

El informe del PNUD no arroja resultados contradictorios, sino profundamente coherentes con el Chile que desde 1973 se viene construyendo. Somos felices en nuestra esfera personal, pero nos desagrada nuestra dimensión colectiva. Desconfiamos de las instituciones, así como desconfiamos de nuestros vecinos, o sentimos ajenos nuestros barrios llenos de grafitis o el transporte público en la capital en el que masivamente optamos por no pagar. Porque no nos interesa lo común, lo que compartimos. El encontrarnos con los otros nos estorba, nos incomoda, porque nos obliga –como todo ejercicio de construcción colectiva- a ceder parte de nuestra autonomía personal, a transar parte de nuestro proyecto individual, ese sobre el cual el PNUD concluye estamos satisfechos. No tiene sentido el esfuerzo, porque posiblemente no aumente nuestra felicidad, de la misma manera que tampoco tendría sentido que la comunidad de Quemchi manifestara su repudio por lo ocurrido a su biblioteca. Confieso, eso sí, que albergo la infundada esperanza que esto último pueda ocurrir.

Concluyo esta entrada agradeciendo a Eduardo la invitación a publicar en su blog con ocasión de un nuevo aniversario. Leo La Naturaleza del Software y lo admiro como se admiran a las especies en extinción: sabiendo que con ellas se va un pedazo de nuestra identidad. En esa porción de la blogosfera chilena (tan “década pasada” la etiqueta) que tengo sindicada, este blog, con sus recurrentes nuevos posteos, parece un dinosaurio que aún no sabe que el asteroide ya impactó la Tierra. Creo no equivocarme: esta es la obstinada manera que Eduardo tiene de aportar a la reconstrucción de lo colectivo.

11 de agosto de 2012

De rajas y metralletas


 

"Con una metralleta en la raja, todo Chile trabaja".

La afirmación es de Sergio de Castro, dicha en una entrevista grabada durante su período como ministro de Hacienda entre 1977 y 1982, registro que está disponible en la Biblioteca de la Universidad Finis Terrae. La cita la extraigo del libro de mi buen amigo e historiador Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1973-2003) (Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago, 2012, página 189), basado en su enorme investigación doctoral, obra fundamental para entender el Chile de hoy.

A pocas semanas que en el país recordaran el centenario del natalicio de Milton Friedman y su “pensamiento basado en la libertad”, la frase, en boca de uno de los más destacados Chicago Boys, es útil para recordar el carácter cívico-militar de la dictadura que hizo posible la implantación de las políticas neoliberales en Chile. Las mismas que hoy son cuestionadas en las calles y que ha llevado a que para algunos deje de ser una metáfora, tal como muestra la imagen captada el año pasado que encabeza este breve posteo y cuyo autor lamentablemente no recuerdo.

10 de julio de 2012

#LibrosSinIVA, ¿punto de partida para qué?


Mi buen amigo Marco Coloma, en su réplica a mi entrada anterior, avanzó un paso más allá en iluminar los fundamentos que impulsan la campaña Libros Sin IVA, entre cuyos autores intelectuales se encuentra. Tomo el guante de lo que afirma y trataré en estas líneas precisar las divergencias que tenemos sobre el real impacto de una iniciativa como ésta en hacer de Chile un país más lector. 

Parto reconociendo que, como él mismo dice, coincidimos en el diagnóstico: en nuestro país los índices de lectura deben ser otros si aspiramos a ser una sociedad con mejor desarrollo humano. Pero el punto de partida desde el cual él articula toda su propuesta, la eliminación del IVA (“que debiera ser la primera pieza de un plan más ambicioso, integral y definitivo de promoción del libro y la lectura”), sigue careciendo de fundamentación empírica, así como proyecta una comprensible pero ya vieja equivocación. No es libro el que está en la base del desarrollo humano, no es el derecho al acceso a los libros el que debemos resguardar. Es la lectura y el derecho al acceso a ella (o más aún, el derecho al libre acceso al conocimiento, como conversábamos con Patricio Segura) el que debe garantizarse. Como buen editor que es, Marco sabe que el libro es solo uno de tantos soportes de lectura y por tanto no es el bien en sí el que debe hacerse accesible, sino facilitar que todos tengamos acceso y podamos participar activamente en los procesos de desarrollo personal y colectivo que la lectura provoca.

Lo anterior nos adentra en el terreno de lo simbólico y la responsabilidad del Estado en asegurar una distribución más equitativa en este ámbito. Marco, al igual que varios de quienes criticaron mi entrada anterior, recurre discursivamente a emparentar la campaña Libros Sin IVA con la demanda ciudadana por una educación pública de calidad. Ambas serían parte de un mismo ideario y por lo tanto mi propuesta de que sea el Estado el que garantice el acceso a la lectura a través de una red de bibliotecas públicas gratuita para las personas y territorialmente densa, sería el símil en este ámbito de las propuestas que se oponen a la educación pública, gratuita y de calidad. 

La contradicción en el argumento salta a la vista, pero es más evidente al leer una de las afirmaciones con la cuales Marco cierra su columna, señalando sobre la eliminación del IVA de los libros: “¿Por qué no implementar una medida probada, que convoca amplios consensos, y que justamente favorece el acceso a los libros a través del mercado?” Es necesario hacer una disección de esta pregunta retórica:
  1. Que sea medida probada, está por demostrarse. Hasta el momento, desde la campaña, más allá de comunicarse un dato cierto (el IVA 0 o diferenciado que el libro tiene en otros países), no se han mostrado cifras concretas de cómo ese tratamiento tributario del libro ha modificado los índices de lectura en esos países. Quizá porque como el propio Marco ha señalado, esa información no existe. Coincido, eso sí, en la dificultad de aislar esta variable, ya que en el fomento de la lectura operan múltiples factores.
  2. Si la medida concita amplios consensos, ¿por qué no se ha implementado aún? En los últimos días hemos visto como la efectiva estrategia de la campaña en redes sociales ha ido reuniendo el apoyo de parlamentarios, pero como bien apunta Arturo Navarro en una entrada en su blog, parece que en el poder ejecutivo la cosa no será tan fácil. Una medida como ésta nunca concitó el interés de los gobierno de la Concertación y el actual presidente llegó a La Moneda haciendo público que no iba a eliminar el IVA a los libros. Aún así, y cómo ocurre en otros temas, podría argumentarse que el distanciamiento de nuestras autoridades con la ciudadanía también está afectando su capacidad para interpretar esta demanda social. Raya para la suma: ninguno de los últimos cinco gobiernos comprometió la eliminación del IVA al libro, algo que debiera haber enfrentado la oposición de esos “amplios consensos”.
  3. Pero es el cierre de la pregunta el que más llama mi atención, ya que si esta demanda es parte del mismo universo simbólico que el clamor nacional por la “educación pública, gratuita y de calidad”, no puedo entender se justifique que la administración del supuesto derecho que se está defendiendo se haga recaer en el mercado. Y sin embargo, es mi propuesta de una red de bibliotecas públicas, financiada con cargo a los presupuesto fiscal, la tildada de tecnócrata y neoliberal, epítetos que ha recibido en diversos espacios en las que se ha discutido.

A estas alturas, parece necesario abrir una pregunta no abordada en esta reedición del debate: ¿es el  IVA el responsable del alto precio de los libros en Chile? Arrojar luz sobre este tema es fundamental, toda vez que sin afirmarlo explícitamente, la campaña deja instalada la idea que eliminando el IVA los libros tendrán un precio que permitirá a quienes ya los adquieren adquirir más y a quienes no lo hacen empezar a hacerlo. Sin embargo, como bien analizó Matías Cociña en su estudio sobre las determinantes de la lectura en Chile, el IVA solo no explica el alto precio que tienen en el país los libros importados, ya que descontado éste seguimos pagando en términos absolutos y proporcionales los precios más altos en una comparación con un grupo seleccionado de países. En  este escenario, ¿qué incentivos tiene la industria del libro para traspasar el descuento del IVA al precio final, si ya estamos acostumbrados a pagar precios altos?

Además, en el caso de los libros editados en Chile, el año 2007 (año en que Cociña hizo su análisis), el precio promedio era levemente inferior a los $7.000 con IVA incluido, por lo que tampoco podría hablarse de la inexistencia de una oferta interesante y a precios asequibles. Esto confirmaría lo indicado en los estudios sobre las motivaciones para no leer: la falta de tiempo, motivación o hábito, no el precio. Ello no impide que quienes leemos nos quejemos del valor de los libros, así como quienes consumen pan se quejan de su valor, o quienes usan el transporte público reclaman por la constantes alzas en los pasajes, o quienes compran pescado y mariscos en semana santa protestan ante las cámaras de televisión por el desembolso que realizan. Son pocos los casos en que los consumidores, en forma masiva, decimos que los bienes y servicios que adquirimos están por debajo de lo que estamos dispuestos a pagar por ellos.

Cierro abordando la composición socioeconómica de quienes en Chile se definen como lectores. Nunca he dicho que sean solo personas de ingresos altos o medios-altos, sí que estos grupos proporcionalmente leen más que los grupos de ingresos inferiores. En esto también Marco y yo coincidimos, pero lo invito a hacer un simple cálculo: ¿cuánto debería invertir una persona que gane el 2013 el salario mínimo que está pronto aprobarse en el Congreso ($193.000) si quisiera adquirir los siete volúmenes de Harry Potter sin IVA? A un valor promedio actual de $11.000 por volumen, descontado el IVA quedaría en $8.920 cada volumen, por lo que la colección completa representaría el 32,5% de un sueldo mensual bruto. ¿Es posible pensar, entonces, que el mercado resuelve el problema de acceso a la lectura a los más de 900 mil chilenos que ganan el sueldo mínimo? Mucho me temo que no. Cabe preguntarse para qué es punto de partida Libros Sin IVA.

Actualización. Gracias al infalible Eduardo Díaz, reconozco el error de mi cálculo en el párrafo anterior. El valor del volumen de Harry Potter, descontado el IVA, sería $9.244.

7 de julio de 2012

¿Por qué no adhiero a la campaña #LibrosSinIVA?


Hace pocos días se lanzó la campaña ciudadana Libros sin IVA, que como su nombre indica apunta a que los libros tengan un tratamiento tributario diferenciado en Chile. En su grupo gestor tengo varios buenos amigos, por eso me alegro que en escaso tiempo haya superado (al momento de escribir estas líneas) las 29 mil firmas. Si tu compartes los principios del manifiesto que fundamenta esta iniciativa, sugiero te sumes a ella.

Antes, eso sí, te invito a que conozcas las razones por las que no adhiero a esta campaña, porque aunque logre su objetivo (eliminar el IVA al libro), no creo tenga impacto significativo en hacer de Chile un país más lector.

1. Como decía Lenin, los hechos son obstinados, y en este caso, pese a lo que el lugar común afirma, el precio de los libros no está entre las principales razones que los chilenos esgrimimos para justificar por qué no leemos. No entraré en los detalles, ya que los abordé no hace mucho, pero los principales estudios de 2009, 2010 y 2011 sobre nuestro comportamiento lector ubican la falta de tiempo, de interés, de costumbre o preferir otras alternativas de entretención como razones más importantes para no leer. Sí, los mismos estudios que la campaña Libros sin IVA usa para fundamentar sus afirmaciones.

2. Como parte central de la campaña, se señala que Chile es uno de los países del mundo con el IVA más alto al libro. Además, se indica que en el contexto latinoamericano casi todos los países tienen un IVA diferenciado (menor al que pagan otros bienes y servicios) o no gravan con este impuesto el libro. De manera implícita, se establece la relación entre nuestros índices de lectura y el valor de los libros. Sin embargo, nuevamente la obstinada realidad dice otra cosa. Pese a nuestra “desventajosa” situación en este tema en la región, según un reciente estudio de Cerlalc, Chile es el segundo país con mayores niveles de lectura en América Latina (solo superado por Argentina). Es decir, al compararnos, el mayor IVA que pagamos nosotros por los libros no ha impedido que estemos en la vanguardia continental en tasas de lectura.

3. En la jerga de los economistas, eliminar o rebajar el IVA a los libros es una medida regresiva. Uno de los objetivos principales de los sistemas tributarios es redistribuir la riqueza al interior de una sociedad. ¿Quién se vería beneficiado con una medida de este tipo en Chile? Aquel segmento de la sociedad que compra libros, que como demuestran los diversos estudios está compuesto mayoritariamente por personas de ingresos medios-altos y altos. En esta dimensión, la campaña encierra lo que podría denominarse una trampa ética, ya que si bien el lema parece apuntar a hacer más equitativo el acceso a la cultura, en la práctica consolida el acceso desigual al libro. 

4. No puedo dejar de preguntarme si un libro más barato producto de un menor IVA, será incentivo suficiente para que en La Pintana, Tirúa, Vallenar, Putre o Isla de Pascua, por poner solo algunas comunas, proliferen las librerías. A priori, creo que no, por lo que para muchos chilenos y chilenas, ese libro más barato seguirá estando en una ciudad o comuna distante. En la práctica, dudo tenga un efecto relevante en la desagregación geográfica de la oferta, por lo que el mercado del libro seguirá territorialmente tan concentrado como hoy está. Claro, se podrá argumentar que esta medida no basta y que debe ser acompañada por otras acciones que apunten a fortalecer la cadena de distribución de la industria del libro en Chile. No faltará entonces quienes promuevan algún régimen tributario especial para las librerías en regiones.

5. Por último, cuando cerca de 900 mil personas ganan el salario mínimo o menos en Chile (que en la práctica significa trabajar para seguir siendo pobre) y la canasta básica de alimentos (una de las herramientas para medir la pobreza en el país) requiere una urgente actualización para descubrir una pobreza latente que se esconde en las estadísticas oficiales, si vamos a hablar de eliminar el IVA a algo, más importante parece hacerlo a los bienes y servicios de primera necesidad. La campaña ha sido exitosa en capturar el valor simbólico que encierra su lema, sabiendo apelar a ese ethos indignado que en el último tiempo las desigualdades en Chile han masificado, pero para un grupo significativo de nuestra población, el más necesitado en este ámbito, los que están en los primeros quintiles de ingreso, su beneficio será casi nulo.

Quizás al terminar estas líneas pensarás que es la típica crítica destructiva a una iniciativa noble y necesaria. Y además, sin proponer nada a cambio. Pero no te engañes. Si de fomentar un acceso equitativo a la lectura se trata, hay un Plan B. Sí, con B de Biblioteca.

29 de mayo de 2012

La violencia y la guitarra de la democracia

Dos enormes reflexiones de Iván Fuentes, uno de los líderes de la Mesa Social de la Patagonia, parte de una columna publicada en Le Monde Diplomatique. Un tratado sobre cómo recuperar la política y llenarla de sentido común.

Sobre la violencia:
Cuando hablan de violencia olvidan que hay una violencia silenciosa. Existe la violencia cuando se enciende el neumático, pero esa gente no es violenta, es gente pacífica, que nunca había protestado que nunca había tenido un sí ni un no con la autoridad. Son campesinos, pescadores artesanales, mujeres dueñas de casa, que encienden el primer neumático porque están hartos de la violencia silenciosa, de la miseria, de las promesas incumplidas, de las cartas sin respuesta, de las esperanzas frustradas. La violencia silenciosa es mucho más grave que la violencia del neumático encendido.
Y sobre la guitarra de la democracia:
Nos hemos dado cuenta que hay que afinar la guitarra de la democracia. No me refiero a un partido en específico, sino a la política, que está enferma, pero la necesitamos sana. La gente dice, los políticos aquí, los políticos allá, no voy a votar por los políticos, estoy cabreado de ellos, pero eso es grave, ya que si no votamos nosotros otros lo harán y el presidente va a salir igual, aunque sea con un ocho por ciento, por eso creo que es mejor votar, pero hay que tirarle las orejas a todos los partidos, a todos. ¿Dónde están las patrullas juveniles de los partidos? ¿dónde están los líderes del 2015, del 2025?

9 de mayo de 2012

¿Por qué cierra la Biblioteca de Montegrande?

Ayer en el noticiero central de Televisión Nacional y hoy en una breve nota en El Mercurio, el cierre de la Biblioteca de Montegrande -las tierras de Gabriela Mistral- por falta de recursos para seguir funcionando, ha generado una cierta reacción de simpatía y voluntad en las redes sociales. Muchas personas manifiestan su interés en colaborar con la Corporación Montegabriela, organizacíón privada que hace seis años abrió la primera y hasta ahora única biblioteca pública de la comuna de Paihuano.

Es bueno que malas noticias como ésta no pasen desapercibidas, pero nuevamente pone de relieve lo que en repetidas ocasiones he comentado en este blog: la fragilidad legal en la que funcionan las bibliotecas públicas en el país. Da lo mismo que sean la mayor red cultural de acceso público, gratuito y equitativo. Da lo mismo que sean líderes en las políticas de inclusión digital del país. Da lo mismo que 2 de cada 3 personas que acceden a sus servicios vivan por debajo de la línea de la pobreza. Nada, absolutamente nada, puede impedir que una biblioteca pública se cierre en Chile si así lo decide quien la sostiene.

En este caso particular, además, no puedo dejar pasar por alto que una organización privada esté cumpliendo un rol que debiera jugar el municipio. No me malentiendan: me encantaría que el país estuviera lleno de corporaciones similares, que entre sus líneas de trabajo tuvieran abrir bibliotecas públicas en lugares que realmente lo necesitan. Pero le debemos exigir al Estado que cumpla su papel y en Paihuano ello no está ocurriendo. Lo sé. La municipalidad es de escasos recursos y por muy buena gestión que pueda realizar, no contaría con los fondos necesarios para atender todas las necesidades.

La respuesta a la pregunta que da título a esta entrada es, por tanto, sencilla: un Estado que no está haciendo su trabajo. Ante eso hay dos caminos: o quedarnos en el callejón sin salida que plantea el escenario actual, o potenciar a los municipios para que asuman a cabalidad el desarrollo de las bibliotecas públicas en Chile, algo sobre lo cual ya comenté a raíz de las primarias en Providencia.

El primer paso para que eso se revierta es dotar a Chile de una ley de bibliotecas públicas, como hizo Colombia recientemente o han hecho diversas comunidades autonómicas españolas. La ley no es la panacea, pero sí el piso mínimo sobre el cual seguir construyendo el sistema de bibliotecas públicas, consolidando lo realizado, proyectando los nuevos desafíos, fortaleciendo a los municipios y entregando recursos para que ello sea posible.

En noviembre del año pasado me invitaron a exponer sobre este tema en la XVI Conferencia Internacional de Bibliotecología, organizada por el Colegio de Bibliotecarios de Chile, presentación que comparto debajo. Como allí dije, me gustaría vivir en la ciudad de Bart Simpson, porque en ella la biblioteca pública es parte del paisaje. Quizá no haya ley de biblioteca en Springfield, quizá no la necesiten, pero como en cualquier pueblo o ciudad de Estados Unidos (del mundo anglosajón, para ser más amplio), su comunidad no entendería no contar con una biblioteca (o dos en el caso de Springfield). A tal punto que cuando producto de la crisis de 2008 los recortes presupuestarios empezaron a ocurrir, las comunidades se organizaron y empezaron a defender sus bibliotecas.

Para que Montegrande sea Springfield, la ley de biblioteca pública es necesaria, porque a diferencia de lo que ocurre en las calles que recorre Bart, la cultura de biblioteca no existe en los caminos por los que alguna vez caminó Gabriela.

24 de abril de 2012

Dos hechos curiosos sobre la lectura en Chile


Un nuevo 23 de abril, Día Internacional del Libro, y como parte del rito autoridades, especialistas, medios de comunicación e interesados en la situación de la lectura, hacen sus análisis y comparten sus ideas para cambiar una situación que –unos más, unos menos- califican como lejana al ideal.

Es en ese contexto en el que dos hechos resultan curiosos en Chile.

Primer hecho curioso. Desde que asumió el actual gobierno, “el mundo de la cultura” ha participado del debate sobre la institucionalidad que tenemos como país, apuntando principalmente a si el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) es el medio adecuado para dar prioridad a las políticas públicas en el área, o si, por el contrario, debemos contar con un Ministerio de Cultura. Casi todos los actores de ese “mundo” tienen postura en este tema. El CNCA no cumple aún su primera década pero ya parece necesario cambiarlo.

Sin embargo, cuando uno se aproxima a esta discusión desde el terreno de la defensa del derecho al acceso equitativo a la lectura (algo más complejo que el mero fomento del libro y la lectura), llama la atención la escasa preocupación por la institucionalidad (o ausencia de ésta) que debe asegurar a cada chileno y chilena ese derecho. Incluso, más de alguien al revisar estas líneas dude de la existencia de tal derecho.

Dos ejemplos. La actual “Ley del Libro” data de 1993 y en su esencia crea el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura y el Consejo que la administra. 1993, cuando Internet no existía en Chile y la diversidad de soportes y formatos de lectura hoy disponibles eran solo ciencia ficción. Sin embargo, hasta donde se conoce, no existe ni del gobierno ni de los sectores interesados (gremios editoriales, libreros, autores, bibliotecarios, etc.) iniciativa para cambiar en el corto plazo ese marco legal. El otro ejemplo es la inexistencia de un marco legal para el funcionamiento de las bibliotecas públicas a lo largo del país, pese a constituir la red de acceso público, gratuito y equitativo a la lectura más importante del país. Hoy dependen enteramente de la voluntad y criterio de los municipios, y los aportes que el gobierno realiza a través de la Dibam y el Consejo del Libro y la Lectura. Nada, absolutamente nada, impide que una biblioteca pública municipal pueda cerrarse si así lo define la municipalidad.

No soy de los que cree que las leyes arreglen mágicamente los problemas, pero sí que sin marcos legales adecuados algunos cambios culturales no ocurrirán.

Segundo hecho curioso. Los gobiernos locales administran hoy en Chile los dos principales medios para desarrollar políticas de largo aliento en el ámbito de la lectura: las escuelas municipales y las bibliotecas públicas. Y sin embargo, la lectura (o la responsabilidad que en mejorar sus índices tienen los gobiernos locales) no está presente en el incipiente debate electoral municipal (y en rigor, tampoco lo estuvo en elecciones pasadas).

Todos los actores coinciden que para alcanzar el desarrollo, Chile también debe aumentar sus índices en este ámbito. Apuntamos a los modelos escandinavos y nos maravillamos cómo se incentiva desde tempranas edades la lectura. Pero llega el momento de marcar nuestra preferencia en una papeleta electoral y pareciera que las prioridades fueran otras, porque los programas de los candidatos no mencionan el desarrollo de la lectura en sus comunas, no tienen propuestas. Nada extraño: el crónico desfinanciamiento de los municipios chilenos los obliga a priorizar las necesidades, y ante temas de mayor impacto en los medios (y por tanto en la retina del elector) como la seguridad ciudadana o el tratamiento de la basura, la lectura es relegada, muchas veces sin comprender que una sociedad que lee puede ser el camino hacia una sociedad con menores índices de delincuencia o con una actitud distinta ante los desechos que genera.

Concluyo. Mucho me temo que en un año más nos encontremos en la misma situación, hablando de las mismas cifras, compartiendo los mismos diagnósticos. Porque en esto también opera aquel adagio que dice que si sigues haciendo lo mismo de siempre, no esperes obtener resultados distintos. Si eso ocurriera, sería el tercer hecho curioso sobre la lectura en Chile.


* Entrada publicada originalmente en elquintopoder.cl

23 de abril de 2012

Bibliotecas públicas y lectura: la propuesta de Javier Insulza para Providencia

Ayer en la noche, apenas publiqué la entrada anterior sobre bibliotecas públicas y lectura en el marco de las primarias municipales de Providencia, se la envié por correo a Josefa Errázuriz, Javier Insulza y Cristóbal Bellolio. A los pocos minutos, Javier me remitió la columna que encontrarán más abajo, indicándome que se encontraba a punto de terminarla cuando recibió mi correo. Por otro lado, poco después Cristóbal me respondió, indicando que por descoordinaciones internas en su equipo de campaña no había alcanzado a enviarme sus propuestas, pero que el fomento de la lectura se encuentra entre las 10 prioridades del área de cultura, algo que será expresado en un documento que espera poder compartir pronto.

Agradezco a Javier y Cristóbal su gentileza en responder.

Sin más, comparto integralmente el texto que me hizo llegar Javier:

"Bibliotecas públicas de Providencia. Los nuevos desafíos.


El querer realizar un cambio en la gestión edilicia no quiere decir que todo se esté realizando mal, sino que las cosas pueden ser diferentes y, por cierto, mejores.


En ese contexto debemos señalar que el actual sistema de bibliotecas de la comuna de Providencia es bueno, ágil e inclusivo, sin embargo, carece de mayor y mejor información para los residentes, quienes tienen gran interés por la lectura y el conocimiento (según datos de Bibliometro).


Esto implica que la falta de información a los residentes respecto de la existencia de este buen sistema, que es de enorme utilidad para mejorar el nivel cultural de los chilenos, particularmente el de los ciudadanos de Providencia, resulta inconcebible.


De no ser por mi calidad de vecino de la comuna y de mi interés por realizar un aporte concreto a esta comuna, quizás no me hubiese enterado del valor, importancia y desarrollo que tienen las actuales bibliotecas municipales.


Así, desde dicha evaluación podemos comenzar a pensar algunas mejoras que pretendemos desarrollar en una futura gestión edilicia para Providencia y sus Bibliotecas.


Nuestra propuesta de desarrollo comunal en el área de cultura va de la mano de las bibliotecas municipales existentes y, por qué no, de ser necesario de la instalación de nuevos espacios que ayuden a cubrir lugares de la comuna que no tengan centros culturales cercanos.


La intención que tenemos es que todas las inscripciones de carácter cultural no deban realizarse "en la misma municipalidad", sino que estos puedan realizarse en línea, o bien en la biblioteca municipal más cercana al domicilio de los interesados. Lo que buscamos es que la biblioteca municipal sea el primer nexo entre el vecino o vecina y la cultura y que, de una u otra forma este nexo se transforme en una de las necesidades primarias, de tal modo de que la cercanía entre el residente comunal y su biblioteca pase a ser casi obligatorio.


De la mano de la tecnología se inscriben las principales propuestas concretas para las bibliotecas de Providencia que queremos llevar adelante. La primera es la posibilidad de realizar pedidos de libros directamente por Internet, a través del sistema ya existente y en el que se permite incluso la renovación online.


Una segunda propuesta que busca ser innovadora es la posibilidad de tener una sede para lectura electrónica, tal como lo tiene actualmente la Biblioteca del Congreso Nacional, lo que implica tener libros en formatos digitales que permitan a los vecinos, especialmente adultos mayores, poder seguir fomentando su interés por la lectura sin la necesidad de salir de su domicilio o sólo acercándose a las bibliotecas municipales.


Por último proponemos fomentar la lectura de nuestros vecinos y vecinas ciegos o con dificultades de visión ¿cómo? A través de la grabación de libros, idealmente por parte de otros habitantes que de forma voluntaria  se interesen por quienes sufren estas situaciones. Así no sólo les llevaríamos conocimiento sino también alegría.


Todas estas propuestas apuntan a mejorar la cercanía de las buenas bibliotecas municipales de Providencia con todos los vecinos de la comuna.


Javier Insulza"

Actualización 23 de abril, 10:45 am: Al igual de Cristóbal, Josefa se excusó por no hacerme llegar sus propuestas por razones internas de su equipo de campaña, pero indicó compartía las ideas que planteé en mi entrada de ayer. Agradezco también su respuesta.